Transporte

Imagen de cabecera del apartado Transporte

Menor consumo y emisiones, y uso de energías alternativas

Las emisiones a la atmósfera se desglosan en 2 tipos de compuestos y consecuencias: contaminantes con efectos a corto plazo y escala local que empeoran la calidad del aire y la salud de las personas; y contaminantes y gases de efecto invernadero con efectos a largo plazo y escala global que provocan alteraciones en la capa de ozono estratosférico y/o contribuyen al cambio climático.

Las alteraciones en el balance energético de la Tierra que se producen con diversa intensidad y escalas temporales, provocan cambios del clima en todas las escalas espaciales. Las principales causas son: variaciones de largo periodo en la energía que proviene del Sol —origen, por ejemplo, de las glaciaciones—; alteraciones en la respuesta de la superficie terrestre a la radiación incidente y en la captura y almacenamiento de dióxido de carbono; y modificación del efecto invernadero natural por cambios en la concentración atmosférica de los gases de efecto invernadero.

Camión

Las actividades humanas transforman la cobertura vegetal y los usos de suelo, así como la composición química de la atmósfera, que conducen a cambios en la temperatura del aire y los océanos, la distribución espacio-temporal de las precipitaciones, el nivel del mar y las corrientes marinas, la cantidad de hielo en glaciares y casquetes polares, la intensidad y frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, etc. Estos cambios afectan a sistemas económicos que son sensibles a las condiciones ambientales, como los recursos hídricos, agricultura y pesca para producción de alimentos, forestal y ecosistemas, energía, sanidad y enfermedades transmitidas por vectores, infraestructuras, zonas costeras, turismo, etc.

El transporte es una actividad intensiva en el uso de energía y al que se imputan las emisiones por la quema y evaporación de combustibles de uso final, abrasión del pavimento y desgaste de neumáticos y frenos. Por ello, contribuye de manera relevante a las emisiones a la atmósfera, (en 2017 fue responsable del 26% de las emisiones de gases efecto invernadero en España) siendo una causa significativa del deterioro de la calidad del aire y del cambio climático; aunque no contribuye directamente a la destrucción de la capa de ozono.

En lo que se refiere a efectos a corto plazo y escala local, el transporte tiene una cuota importante en las emisiones de óxidos de nitrógeno y algunos metales pesados y, en menor medida, de monóxido de carbono, hollín y material particulado fino —diámetro equivalente inferior o igual a 2,5 micras— que merecen una especial atención por sus efectos sobre la salud. Además, los óxidos de nitrógeno son la mayor contribución del transporte a la emisión de sustancias acidificantes y precursores del ozono troposférico, y son el origen del mayor número de alertas sobre calidad del aire en las áreas metropolitanas y entornos urbanos.

En cuanto a efecto a largo plazo y escala global, la contribución relevante del transporte es el dióxido de carbono que tiene una cuota del 99% en sus emisiones de gases de efecto invernadero.

A nivel mundial, en 2018 el transporte era responsable del 32% del consumo de energía y del 23% de las emisiones de dióxido de carbono, con un crecimiento de la demanda de energía del 45% desde el 2000. De este consumo energético del transporte, casi el 96% es de combustibles fósiles —cifra que refleja el desafío que supone descarbonizar el transporte— y solo el 3,3% proviene de fuentes renovables —3,0% de biocarburantes y 0,3% de electricidad—, mientras que otro 0,8% proviene de electricidad no renovable.

En la Unión Europea, y tras su descenso durante 2008-2013 por la crisis económica, las emisiones de gases de efecto invernadero del transporte han vuelto a aumentar desde 2014 y no se prevé que disminuyan sustancialmente a corto plazo, como está ocurriendo en otros sectores de la economía que han logrado su desacoplamiento, es decir, un incremento de la actividad económica sin un aumento equivalente en el consumo de energía o las emisiones a la atmósfera.

Así, en 2017 el transporte consume el 33% de la energía final y produce el 22% de las emisiones de gases de efecto invernadero con cuotas del 95,3% de la carretera, 2,3% de la navegación y 1,7% de la aviación, más el 0,7% del ferrocarril. Además, el transporte por carretera también es responsable del 41% de las emisiones de óxidos de nitrógeno y del 11% de las partículas, aunque su contribución al deterioro de la calidad del aire y la salud de las personas en entornos metropolitanos y núcleos urbanos es mayor, pues la emisión se produce en zonas densamente pobladas y junto al suelo, dificultando su dispersión.

1. Infraestructuras para el Suministro de FUENTES DE ENERGÍA ALTERNATIVAS Y SOSTENIBLES.

  1. Transporte por carretera:

    A finales de 2018 se disponía de 70 estaciones de servicio con suministro de gas natural —6 de gas natural licuado, 34 de gas natural comprimido y 30 mixtas—, 636 de gases licuados del petróleo y 4 de hidrógeno —ninguna pública— para el transporte por carretera.

    Para la recarga pública del vehículo eléctrico, existen casi 3.100 estaciones con unos 5.200 conectores, de los cuales 1.700 conectores suministran más de 11 kW (kilovatios) —carga semirápida— y 520 conectores son de más de 43 kW (kilovatios) —carga rápida—. El objetivo a corto y medio plazo es aumentar los puntos de repostaje de gas natural comprimido y licuado, e hidrógeno, y de recarga para el vehículo eléctrico.

    Para el vehículo eléctrico, Aena tiene previsto instalar 152 puntos de recarga —132 lenta, 19 semirápida y 1 rápida— en 30 aeropuertos, destacando los 42 puntos de Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, 26 de Adolfo Suárez Madrid-Barajas y 20 de Palma de Mallorca. El objetivo es contar con un 1 punto de recarga cada 40 plazas, lo que supondrá unos 2.700 puntos de recarga. Además, Renfe y Adif dispondrán de puntos de recarga en las instalaciones para uso de sus trabajadores.

  2. Transporte marítimo:

    Gas natural licuado: en 2025, en los puertos marítimos y en 2030, en los puertos interiores de la red básica de la Red Transeuropea de Transporte. En España todos estos tienen capacidad para suministrar gas natural licuado a buques, al menos con cisternas; en 2018 se realizaron 58 operaciones de suministro desde cisternas y 2, desde buques.

  3. Transporte aéreo:

    21 aeropuertos de la red de Aena cuentan con 434 puntos de suministro de electricidad a 400 Hz para las aeronaves estacionadas. El objetivo de Aena es contar en 2030 con 470 puntos de suministro en la red de aeropuertos, con una inversión de 15 M€ para reponer equipos e instalar nuevos puntos de suministro.

2. Renovación de los MEDIOS DE TRANSPORTE

Renfe Operadora tiene un plan para renovar su parque de material rodante mediante licitaciones para la compra de 33 trenes para vía estrecha, 6 de alta montaña para Cercanías y 211 de gran capacidad destinados a Cercanías, que se completará con otra de casi 100 trenes para los servicios de Media Distancia, de los que 2/3 serían híbridos para circular también por vías sin electrificar.

Renfe Operadora está desarrollando proyectos piloto para la transformación de trenes autopropulsados de viajeros y locomotoras diésel a gas natural, así como en la modernización de un tranvía eléctrico con tracción a baterías y pila de combustible.

3. Mejora DE LA SOSTENIBILIDAD DE LOS EDIFICIOS E INSTALACIONES DEL TRANSPORTE (TERMINALES, TALLERES, SUPERFICIES, ETC.)

El objetivo es reducir el consumo de energía de los edificios e instalaciones del transporte —incluido su equipamiento— y diversificar el origen de sus fuentes, así como aumentar los requisitos energéticos y ambientales en la nueva edificación, para disminuir sus impactos negativos en entornos urbanos y sobre la salud.

8 de los aeropuertos más importantes de Aena —suponen más del 70% de las emisiones de su red— han optado por calcular y reportar su huella de carbono y obtener la Acreditación de carbono para los aeropuertos, la única certificación en esta materia y muy utilizada por los aeropuertos más transitados, basada en el Protocolo GHG. Además, Aena realiza el cálculo de su huella de carbono corporativa y, en la misma línea, Adif y Adif-AV realizan el cálculo de su huella de carbono. Asimismo, ha diseñado un Plan Fotovoltaico para alcanzar un 70% del autoabastecimiento energético a partir de energía solar, lo que implica instalar unos 400 MW (megavatios) de paneles fotovoltaicos hasta 2026, con una producción anual de 650 GWh (gigavatios hora), y cuya 1ª convocatoria se produjo en marzo de 2019 para una planta de 7,5 MW (megavatios) para el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

Flota