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Intervención de Ana Pastor en la reunión de ministros iberoamericanos de Fomento

martes, 29 de mayo de 2012

Palabras de la ministra de Fomento en la apertura de la reunión de ministros iberoamericanos de Fomento sobre "El momento de las infraestructuras: el cambio necesario".

Es para mí un placer poder darles la bienvenida, en nombre del Gobierno de España, a este encuentro ministerial enmarcado dentro de las reuniones previas a la celebración de XXII Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar el próximo mes de noviembre en la ciudad de Cádiz.

Un encuentro que adquiere una importancia especial, para nosotros, al coincidir con la conmemoración del Bicentenario de la Constitución española de 1812, nuestra primera Constitución.

Para los españoles y para los latinoamericanos, la Constitución de Cádiz supone un referente histórico en la lucha por las libertades y por los valores democráticos que han inspirado el futuro de nuestras naciones.

Estamos hablando del primer texto constitucional que reconocía y garantizaba las libertades del individuo ante el absolutismo y, sobre todo, establecía las bases del Estado de Derecho.

Los españoles de ambos lados del Atlántico adquirimos entonces la plena condición de ciudadanos y dejamos de ser súbditos. España se convirtió, en palabras de los propios constitucionalistas en “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”.

Para América Latina supuso una fuente de influencia e inspiración para los procesos constitucionalistas que vendrían inmediatamente después.

Fueron tiempos de grandes reformas que dieron lugar a un profundo cambio del sistema, lo que permitió adquirir la libertad y la igualdad de derechos, y sentar las bases de un futuro bienestar. Pues bien, esos tiempos los recorrimos juntos.

Aquel impulso reformista es el que hoy nos sigue impulsando y el que nos ha traído aquí, para debatir y profundizar en nuevas reformas, en otros cambios, para seguir avanzando en la mejora de nuestras sociedades.

Nos encontramos en un período de incertidumbre a nivel global. Para muchos países, afectados por la crisis económica, se avecina una nueva etapa que estará estrechamente marcada por las reformas económicas y sociales que implementen y por el éxito que estas consigan.

Por eso, en el marco del Bicentenario de la Constitución de 1812, que supuso una renovación de las relaciones entre España y las naciones de la América Hispana, la Cumbre Iberoamericana debe convertirse en un punto de inflexión que suponga un auténtico proceso de renovación de los objetivos y propósitos que nos marquemos para el futuro.

La nueva realidad de Iberoamérica, como región pujante con un desarrollo económico, un dinamismo y un talento que admiramos desde España con satisfacción, nos exige plantear una “relación renovada”, a la que alude el lema de la XXII Cumbre.

Una relación de absoluta igualdad desde el respeto mutuo y con la mirada puesta en el futuro, según ha puesto de manifiesto recientemente el Presidente del Gobierno de España. Iberoamérica tiene mucho que aportar y España tiene los brazos abiertos.

La globalización y la crisis económica han vuelto a dar un giro al concepto de las relaciones entre países. Por ello, ahora más que nunca, los países debemos tener una política de Estado clara que nos permita generar grandes consensos y acuerdos, nacionales e internacionales, y de esta forma contribuir a la estabilidad mundial.

España y Latinoamérica tienen que seguir trabajando para desarrollar una estrategia común beneficiosa para todos y que fortalezca los vínculos, por encima de las diferencias, y nos permita dejar de lado desencuentros y tensiones.

La inversión en infraestructuras es sinónimo de riqueza y empleo; por eso, las infraestructuras son elementos dinamizadores del crecimiento económico.

El crecimiento económico de una nación está estrechamente ligado con la eficiencia y la planificación que proyecte para su sistema de transportes e infraestructuras.

Esto es algo que todos los países de la comunidad iberoamericana hemos tenido presente desde aquel julio de 1991, cuando, por primera vez, nos reunimos para poner en común todo aquello que nos unía y por lo que debíamos trabajar.

Dicha cumbre fue bautizada como “Fuego Nuevo”, y hoy, en este encuentro, debemos alimentar esa llama, una llama que durante más de veinte años ha seguido viva en pro del bien común.

Por eso, para mantener e impulsar el desarrollo de nuestros países, debemos hacer un esfuerzo por planificar, de manera coordinada, las políticas de infraestructuras que den como resultado un sistema de transporte sostenible y eficiente.

Eso significa afianzar un modelo que garantice la rentabilidad económica, basada en estrictos parámetros de eficiencia, así como una rentabilidad social, que mantenga el espíritu de servicio público del transporte.

Además, hemos de tener muy presente que la multimodalidad y la interoperabilidad de los medios de transporte será lo que facilite la cohesión territorial entre las distintas regiones y la movilidad de sus ciudadanos.

Durante las últimas décadas, España ha desarrollado una completa red de infraestructuras en materia de transporte, que, sin duda, ha contribuido a nuestro desarrollo y a la vertebración territorial del país.

Esta política nos ha llevado a ser, por ejemplo, el país con más kilómetros de alta velocidad en Europa y segundos en el mundo, lo que ha ayudado a reducir las diferencias socioeconómicas entre los territorios españoles.

Tras esta gran inversión en obra nueva, como la que hemos hecho también en autovías o aeropuertos, ahora debemos esforzarnos por mantenerla y modernizarla acorde a las pautas que marcan los ciclos económicos y la propia sociedad.

En el caso de América Latina, la ecuación se plantea en los mismos términos. A una mayor inversión en infraestructuras, una mejor integración y mayor riqueza.

Porque una inversión eficiente y planificada mantendrá los actuales niveles de crecimiento económico que tiene gran parte de la región y generará un retorno social positivo.

Precisamente ahora, tanto en España como en Iberoamérica, es un momento en el que debemos apostar por nuevos modelos de financiación para dotar las obras de presupuestos realistas y viables.

Modelos que permitan llevar los valores de la certeza y la previsibilidad al ámbito de las infraestructuras.

Se trata de un proceso de diversificación de fuentes de inversión, en el que, sin perder de vista el papel predominante del sector público, debemos fomentar la participación de la iniciativa privada en los grandes proyectos de infraestructuras.

Con nuestro empuje, la entrada a nuevos modelos concesionales y la colaboración público-privada debería marcar el futuro sistema de infraestructuras de la comunidad iberoamericana.

Así, la alianza entre el sector público y el sector privado basará su éxito en un reparto de responsabilidades y riesgos que integre las condiciones y requerimientos específicos de cada región.

La dificultad de acceso al crédito internacional hace especialmente importante el papel que desempeñan en esta nueva etapa los Bancos de Desarrollo y los Fondos de Pensiones, instrumentos decisivos para garantizar la viabilidad de los proyectos a través de su financiación.

Es un proceso que deberá definir políticas y normas técnicas homologadas a nivel mundial con el fin de favorecer la internacionalización de nuestras empresas.

En este sentido, el Gobierno de España apoya a todas aquellas empresas españolas que han hecho inversiones de capital, de trabajo y de recursos humanos en Iberoamérica, porque crean empleo y riqueza al mismo tiempo que suponen elementos decisivos en la integración de las regiones.

La internacionalización empresarial es el futuro de la ingeniería civil en España y también en América Latina. Es un proceso altamente beneficioso para todos porque lo que es bueno para un país, es bueno para el conjunto de los que formamos la comunidad iberoamericana.

Las empresas privadas pueden actuar como instrumentos de intercambio de experiencias de uno y otro lado del Atlántico. En un clima de estrecha relación entre las Administraciones y empresarios, hay que aprovechar las sinergias que pudieran surgir de dichas colaboraciones y ponerlas en común en la región iberoamericana.

Desde mi punto de vista, son muchas las necesidades y retos a los que tendremos que enfrentarnos ante la nueva situación mundial que se nos presenta. Ese es el “cambio necesario” en el que estamos embarcados.

Tenemos por delante el reto de apostar por un sistema de transporte eficiente y, sobre todo, que sea el fruto de una correcta planificación.

Además, la labor pedagógica y de concienciación ciudadana debe ser otro de los puntos a los que tenemos que hacer frente. Hay que promover políticas de respecto al medio ambiente y fomentar un buen uso del transporte público por parte de los ciudadanos.

Nuestro objetivo ahora es condensar todas nuestras propuestas y crear un marco de buenas prácticas que sirva como revulsivo al desarrollo de las infraestructuras de transporte.

El rigor, la transparencia, la productividad, la eficiencia y la sostenibilidad sentarán las bases en la que apoyarnos para configurar un sistema que apueste, ante todo, por la interoperabilidad y la multimodalidad como puntos clave de integración y cohesión social.

Por eso, señores ministros, este es nuestro momento, el momento de un nuevo salto en las relaciones renovadas entre Iberoamérica y España a través modelo de infraestructuras que afiance los lazos económicos y culturales.

Hace ya doscientos años que nació este afán de renovación, cambio y cooperación, y hoy, los aquí reunidos, tenemos la misión de establecer puentes y cimientos más fuertes entre los países miembros de la comunidad iberoamericana a través de nuestra gestión en infraestructuras.

El desarrollo económico y la competitividad, así como los criterios de rentabilidad social, cooperación y eficiencia, marcarán el futuro de la gestión de infraestructuras, que, como todos ustedes saben, necesita profundos y necesarios cambios.

Tengo plena certeza de que sólo conseguiremos este objetivo si tenemos presente, en todo momento, la creación de un sistema que favorezca los intercambios comerciales y la competitividad.

Al mismo tiempo, un sistema que responda a las necesidades de los ciudadanos, porque la prosperidad y el bienestar social del pueblo español y latinoamericano debe estar siempre en el horizonte de nuestras políticas, como ya lo hicieron los responsables de la Constitución de 1812.

Es el momento de emprender un nuevo camino, es el momento de esforzarse en mirar al futuro, el futuro que nuestros ciudadanos se merecen.

Por eso quiero animarles hoy a debatir de forma abierta y constructiva sobre todos los aspectos que he planteado. Esta es nuestra forma de empezar a escribir el futuro.

Porque, como dijo el Premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz, nuestro empeño no debe ser tanto el de "una tradición que continuar como el de un futuro que realizar". Un futuro que juntos hemos comenzado a escribir. Esta misma cita la hizo el Presidente del Gobierno en el acto de la presentación de la Cumbre de Cádiz en la sede de la SEGIB.

Es el momento de emprender un nuevo camino, es el momento de esforzarse en mirar al futuro, el futuro que nuestros ciudadanos se merecen.

Decía el escritor e intelectual mexicano recientemente fallecido, Carlos Fuentes, Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias, que “terminado, el libro empieza”.

Por eso, nuestro trabajo de hoy no es sino el inicio de ese camino mirando al futuro.

Muchas gracias.